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La Educación Cristiana como columna de la iglesia

18 ago
4 min de lectura

Actualizado: 12 sept

Entonces, sin quererlo, sin desearlo o sin planearlo… te tocó enseñar. Así comienzan muchas historias dentro de nuestras iglesias. Personas que nunca estudiaron pedagogía, que no se prepararon formalmente para ser maestros y que, incluso, desarrollaron sus profesiones en áreas completamente distintas a la educación, un día reciben una invitación:


—Necesitamos que nos ayudes con la clase.


Y allí comienza todo. Con amor, compromiso y un profundo deseo de servir, domingo tras domingo miles de personas asumen la responsabilidad de enseñar la Biblia a niños, jóvenes y adultos. Algunos descubren rápidamente una verdadera pasión por enseñar. Otros, sencillamente, hacen lo mejor que pueden con las herramientas que tienen. Y precisamente ahí encontramos uno de los grandes retos de la educación cristiana:


Tener disposición para enseñar no significa necesariamente contar con las herramientas para hacerlo efectivamente.


Las Buenas Intenciones También Necesitan Herramientas


Hace algunos años compré mi primer juego de herramientas inalámbricas. Cuando comencé a utilizarlas, descubrí algo interesante: muchos proyectos que antes me parecían complicados comenzaron a resultar más sencillos. El trabajo seguía siendo trabajo. La pared no se perforaba sola ni los tornillos aparecían mágicamente en su lugar. Sin embargo, contar con la herramienta adecuada hacía una enorme diferencia. Lo que antes requería más tiempo y esfuerzo podía realizarse con mayor precisión, fluidez y hasta satisfacción.


Con la enseñanza sucede algo parecido. Un maestro puede tener conocimiento bíblico, pasión por las Escrituras y un genuino deseo de servir. Todo eso es indispensable. Pero cuando a esa vocación le añadimos herramientas didácticas adecuadas, comenzamos a transformar la experiencia de enseñanza y aprendizaje. Las herramientas no sustituyen el llamado; ayudan a ejercerlo mejor.


Un Problema que Debemos Mirar con Honestidad


Durante años hemos afirmado que la educación cristiana constituye una parte fundamental de la misión de la iglesia. Hablamos de discipulado, formación bíblica, escuela bíblica, grupos pequeños, estudios y ministerios educativos. Sin embargo, debemos hacernos una pregunta incómoda:


¿Ha evolucionado nuestra manera de enseñar al mismo ritmo que ha cambiado la manera en que las personas aprenden?


Con demasiada frecuencia continuamos utilizando modelos educativos que heredamos de generaciones anteriores. No necesariamente porque sean incorrectos, sino porque fueron los modelos mediante los cuales nosotros mismos aprendimos. En otras palabras, muchas veces enseñamos como nos enseñaron. El problema aparece cuando confundimos nuestra experiencia como estudiantes con preparación para enseñar.


Todos hemos sido alumnos. Todos recordamos buenos y malos maestros. Todos tenemos opiniones sobre cómo debería desarrollarse una clase. Pero haber participado durante años del proceso educativo no necesariamente nos proporciona las herramientas necesarias para diseñar experiencias de aprendizaje efectivas.


Si es la Columna Vertebral, Tenemos que Cuidarla


Durante años he escuchado describir la educación cristiana como la “columna vertebral de la iglesia”. Es una expresión poderosa. Pero si verdaderamente creemos que lo es, entonces debemos preguntarnos cuándo fue la última vez que hicimos algunos “ajustes” a esa columna. No podemos afirmar que la enseñanza bíblica es fundamental para formar discípulos y, al mismo tiempo, prestar poca atención a la preparación de quienes tienen la responsabilidad de enseñar.


Tampoco sería justo colocar toda esa responsabilidad sobre maestros voluntarios que cada semana ofrecen su tiempo, conocimiento y corazón para servir. La responsabilidad también corresponde al liderazgo. Pastores, pastoras, líderes de educación cristiana y responsables de ministerios necesitan observar con honestidad cómo se está enseñando en sus congregaciones y preguntarse:


¿Estamos preparando a nuestros maestros para enseñar o simplemente les estamos entregando una lección y un salón?


Desarrollo Profesional También en la Iglesia


Hablar de desarrollo profesional en el contexto de una iglesia puede parecer extraño para algunas personas. Sin embargo, el concepto es sencillo: si alguien tiene una responsabilidad importante, debemos ayudarle a desarrollar las capacidades necesarias para ejercerla mejor. Esto puede comenzar con asuntos tan prácticos como aprender a redactar objetivos de aprendizaje, seleccionar actividades apropiadas, formular buenas preguntas, reconocer diferentes maneras de aprender o comprobar si realmente ocurrió aprendizaje. No necesitamos convertir a cada maestro voluntario en especialista en pedagogía.


Necesitamos darle herramientas. Porque una buena herramienta puede transformar la manera en que una persona realiza su trabajo.


No Solamente Importa Qué Enseñamos


Existe otro asunto que merece nuestra atención. La educación cristiana no debería limitarse a transmitir información bíblica. Nuestro propósito debe aspirar a algo mayor: ayudar a las personas a comprender, reflexionar, relacionar, cuestionar responsablemente, aplicar y vivir aquello que aprenden. Una clase puede estar llena de contenido y, aun así, producir poco aprendizaje.


Por eso necesitamos superar la idea de que enseñar consiste principalmente en hablar mientras los demás escuchan. Nuestros estudiantes —sean niños, jóvenes o adultos— necesitan oportunidades para pensar. Necesitan preguntas que los reten. Necesitan relacionar las Escrituras con situaciones reales. Necesitan participar activamente del proceso de aprendizaje. Y necesitan descubrir que la Palabra estudiada tiene implicaciones para la manera en que viven cuando termina la clase y comienza nuevamente la semana.


Cuidar Cómo Enseñamos


Si creemos que la enseñanza bíblica es fundamental para la formación de discípulos, entonces debemos prestar atención no solamente a qué enseñamos, sino también a cómo lo enseñamos. La iglesia necesita maestros apasionados por la Palabra, pero también maestros dispuestos a aprender a enseñar. Necesita líderes que reconozcan que ofrecer herramientas a sus educadores voluntarios no es un lujo ni una actividad secundaria. Es una inversión en la formación de las personas a quienes servimos.


Quizás tú eres una de esas personas que un día llegó a una iglesia sin imaginar que terminaría frente a un grupo enseñando. Quizás alguien simplemente te dijo: “Necesitamos que nos ayudes”. Y aceptaste. Entonces, sin quererlo, sin desearlo o sin planearlo… te tocó enseñar. Ahora el próximo paso es aprender a hacerlo cada vez mejor.


Podemos ayudarte a fortalecer la formación de tus educadores. Ofrecemos capacitación profesional en educación dirigida a maestros de escuelas bíblicas y programas de educación cristiana en colegios, brindándoles herramientas y estrategias para fortalecer sus prácticas de enseñanza.


📩 Contáctanos para conocer cómo podemos apoyar el desarrollo de tu organización. Contáctanos escribiendo a dr.elmerpabon@gmail.com


Dr. Elmer L. Pabón

EducantesPR

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